About xeografo

Geographer

Volviendo a casa desde Londres

Regreso de UK. Como siempre, una buena experiencia. Durante varios días he podido desconectar de la realidad ibérica, y más en una Semana Santa que creo ha sido muy poco aconfesional. Y confieso que no me confieso nunca. Al menos en UK se escuchan pocos ruidos de tambores.

British Museum. Muy recomendable. Abstenerse personas muy sensibles en la sala de las momias. El relieve asirio de la “leona herida” me impresionó. Asurbanipal, Ramses II, Nabucodonosor, etc… Hemos visto tantas veces estas obras de arte en los libros de historia que es emocionante reconocer los originales. Se lo trajeron todo (o casi todo), lo cual puede y debe ser criticado.

Metro de Londres. The Tube. Un reloj milimétricamente diseñado. Un mundo subterráneo con pasadizos, escaleras, ascensores y mucha gente. A mi hija le encantó. A mí me encanta siempre el ambiente de gran ciudad que se respira en el metro. Desde Gloucester Road nos movimos muy bien con la línea Piccadilly. Paradas más importantes: South Kensignton, Piccadilly, Leicester Square, Covent Garden, Kings Cross. La decoración ‘vintage’ con azulejos blancos, azules y rojos tiene todo el sabor victoriano.

Oyster Card. Sin duda, la mejor opción para moverse el la capital británica. Compras una Oyster para ‘pay as you go’. Le pones saldo y vas moviéndote libremente en transporte público. Si te sobra saldo, lo puedes recuperar al final de tu estancia. El ‘Travelcard One Day’ ha quedado obsoleto. Los empleados de ‘Transport for London’ son muy amables y te ayudan si tienes dificultades.

Kensington. El hotel se encontraba en este barrio pijo de Londres. Casas exclusivas, colegios privados, jardines y buenos restaurantes. Bajas densidades residenciales y distancia razonable al km 0 de la city, Charing Cross. El hotel no era barato, pero se agradecía un buen desayuno de buffet y la comodidad para descansar de las grandes caminatas.

Turismo Urbano. Recorrer una gran ciudad cansa. Vaya si cansa. Antes de venir a Londres había dicho, en broma, que prefería ir de vacaciones a Zamora o Salamanca. Era una broma, claro, pero algo de cierto sí que había. El bullicio y ajetreo londinense provocan la aceleración del ritmo vital y llegan a cansar físicamente. Hay que prepararse para guardar largas colas, permanecer de pie, mojarse bajo la lluvia y pagar precios de escándalo. Es cansado física y mentalnente. Aún así, debo reconocer que compensa. Ir a Londres implica tomar el pulso al mundo. Hay una célebre sentencia que dice algo así como “Quien está cansado de Londres, es que está cansado de la vida”.

London Eye. No teníamos intención de ir. Nos negábamos a pagar no sé cuántas libras para ir en una noria. Sin embargo, Laura insitió tanto que no nos quedó más remedio que capitular. Fue muy caro, pero sin duda mereció la pena. Para un geógrafo fue una experiencia imprescindible. La noria está situada a 500 metros del Big Ben, en la orilla sur del Támesis. El panorama es espectacular, y no solo por la parte más monumental de la ciudad. A lo largo de estos últimos años, Londres se ha consolidado como una plaza fuerte financiera, y ha ido construyendo su ‘skyline’ poco a poco. El edificio Swiss Re y The Shark son quizá lo más sobresaliente, y desde el London Eye se aprecian muy bien. Canary Wharf es la nueva realidad emergente. En realidad, en el ‘Southbank’ se ha desarrollado un pequeño ‘downtown’, un mini-Manhattan que contrasta con el Londres tradicional de casas de tres plantas. Pero lo que más llama la atención desde el London Eye es apreciar la enorme mancha de ese gran coloso urbano que es Londres. Uno aprecia sin duda lo que es una gran área metropolitana a nivel mundial. Es una de las capitales del mundo, sin duda. Recordemos que para Saskia Sassen la ‘Tríada’ estaba formada por Londres, New York y Tokio.

Saint Pancras Station. Estación enorme, monumental, con una monumentalidad industrial, opuesta a la ‘grandeur’ francesa. Toda de ladrillo, con un amplio espacio para los andenes. Allí había varios Eurostars estacionados. Como era ‘Good Friday Bank Holiday’, la estación estaba llena de viajeros, esperando largas filas. Al lado de Saint Pancras está Kings Cross Station, renovada con una bóveda acristalada.

Cambridge. Ayer estuve en Cambridge. Había visitado la ciudad hace 20 años, pero me volvió a seducir. Cambridge es una pequeña ciudad universitaria alejada una distancia más que prudente del bullicio londinense. Los ‘colleges’ y los jardines son los grandes protagonistas de un espacio urbano recoleto y acogedor. El ambiente invita al estudio y a la reflexión. Invita al silencio necesario para pensar. Visitamos el King’s College y el Trinity College, en cuya entrada se encuentra el célebre manzano que inspiró la formulación de la Ley de la Gravitación Universal a Newton. Vale la pena visitar también ‘The Corpus Clock’, un reloj dorado grande situado en la esquina de un edificio muy cerca del King’s College. El reloj fue inaugurado por el recientemente fallecido Stephen Hawking en 2008.

Stansted Airport. Más que un aeropuerto, es un gran centro comercial desde el que además salen y al que llegan aviones. Una vez que se pasa el engorroso control de seguridad, eo viajero se ve impelido a un enorme pasillo serpenteante rodeado de todo tipo de tiendas a ambos lados. Se cobra clara conciencia de lo que es el capitalismo. Estamos en el país donde se inventó el capitalismo; no en vano, Adam Smith se nos aparece constantemente en los billetes. La experiencia en Stansted no es satisfactoria por la mercantilización absoluta de todo lo que rodea al viajero. Además, el control de seguridad es estresante por la prisa con la que se desarrolla y la presión por desalojar lo antes posible las bandejas al pasar el escáner.

Ryanair. Escribo esto en el aire, en modo avión (nunca mejor dicho) en un vuelo directo de Ryanair a Santiago de Compostela. El avión ha salido con una hora de retraso. Creo que la nueva polítoca de equipajes de Ryanair retrasa los embarques. En el avión, el cliente-viajero es sometido a una sesión intensiva de publicidad de colonias y todo tipo de artículos duty-free por megafonía, como siempre.

Escribo desde Kensington

Onte cheguei a Londres. Xa había uns cantos anos que non andaba por aquí, e sempre é agradable voltar. Cheguei a Stansted cun certo medo a ter que agardar unha hora na aduana, pero non foi así. O control foi rápido. Para desprazarme a Londres optei polo Stansted Express, que é un pouco máis caro que o autobús, pero leva a Liverpool Street en só 45 minutos. O tempo era malo, moi nublado e con chuvia. Cheguei a Liverpool Street e merquei unha tarxeta Oyster, precargada con 30 libras. Londres é enorme, pero a City non o é tanto, e collendo a liña amarerela cheguei, sen transbordo, ao hotel Gloucester Millenium, onde me aloxo.

Harrods foi a primeira parada. Chama a atención, sen dúbida, a grande cantidade de naturais do Oriente Próximo que mercan nestes grandes almacéns. Os de Harrods foron pioneiros no seu día no xeito de presentar as mercadorías, en varios pisos e concentradas. Inspirou, a bo seguro, a moitos outros negocios semellantes tanto no Reino Unido como fóra del. Porén, a miña impresión é que o modelo hoxe está superado. Harrods é un lugar para gastar petrodólares. No segundo andar hai unha casa de cambio que anuncia con letras enormes a ratio de conversión para a moeda qatarí. É evidente de onde veñen os clientes. En realidade Harrods é unha especie de grande “showroom” onde se vende de todo. Máis que venderse, exhíbese. Non debe haber grandes stocks. A xente vai, pasea e compra algo. Souvernirs desde logo, hai. Podemos mercar a célebre bolsa de Harrods en variedade de cores. O que é curioso é que a oferta é moi variada, e está entremezclada: ao lado da libraría hai un Prosseco bar, e a carón da sección de maletas atopamos calquera outra cousa que non ten nada que ver. Creo que está un pouco pasado de moda.
A continuación, liña Picadilly de metro cara o propio Picadilly.

Ateigado de xente, como sempre. Kingdom of Sweets, unha tolemia de chucherías. Angus Steak House. E logo fun ao M&M´s Shop. Son catro andares de parque temático dos chocolates famosos. Alí pódese atopar todo tipo de merchandising freak, desde sudadeiras ata albornoces ou batas. Cheira a chocolate en todo o recinto, e hai masas de xente everywhere. Cansino, e sobre todo incrible. Soprende ver como o sistema consegue que sexan os propios clientes os prescriptores e os axentes publicitarios dunha marca que non ten demasiado encanto, a priori. Mesmo as mascotas, os bonecos que utilizan na publicidade son bastante sosos. Pero a xente apúntase a comprar todo tipo de mercadorías, que logo paseará polas casas e rúas de todo o mundo, pagando ademais por estes artículos. Debe ser a fase superior do capitalismo, na que as campañas de publicidade corren a cargo do propio consumidor, que non se decata do seu papel activo-pasivo na fase de marketing.

Xusto fronte ao emporio dos chocolates atópase a tenda de Lego. Neste caso, a tenda é só de dous andares, pero replica totalmente o modelo da anterior. Hai un surtido enorme de xoguetes e tamén espazos de demostración e xogo. En realidade, un decátase de que en Londres moitas das atraccións máis interesantes son espazos comerciais, lugares privados, comercios que ocupan espazos moi centrais na cidade, e que tentan estar presentes na experiencia turística e ofrecer unha experiencia persoal e digna de lembrarse. Se tes un produto, tes que ter un espazo “showroom” no centro da cidade máis importante de Europa. O de menos é canto factures alí ou o stock, que probablemnte non será moito. O importante é lograr o efecto “Zara” de visibilizarse nos espazos máis caros e máis centrais. O mesmo acontece coas Apple Stores. En Londres hoxe xa vin dúas: en Regent Street e en Coven Garden. Que é o que hai nestas tentas? Uns cantos smartphones o ordenadores… e moito persoal, que interactúa co cliente. A experiencia e o estilo é o importante. Ocupar os lugares simbólicos e lograr experiencias persoais co cliente. O mesmo pasa na xoguetería Hamsley, moi preto de Oxford Circus. É unha megastore de 7 andares, chea de expositores, pero iso non é o máis relevante. O mellor de todo é que hai moitos vendedores que interpelan constantemente ao cliente e pelexan por captar a súa atención, con demostracións en vivo dos produtos que venden. É como unha feira das antigas: speakers berrando as bondades dos produtos, dos xoguetes, animando aos clientes a probalos, e sobre todo adicando todo o seu tempo ao visitante, co máximo interese. Son auténticos mestres do marketing. Un sae de Hamsley coa idea de que visitou un museo do xoguete, cando en realidade estivo nunha tenda. Polo camiño, seguro que comprou algo, porque é imposible resistirse á tentación dunha pizarra máxica, dun peluche feito a man diante dun, etc. Así se reinventa o negocio tradicional, orientado totalmente ao turismo.

Estiven tamén en Covent Garden. Ateigado de xente, sempre. Un non pode evitar lembrar outros casos de mercados “pijos” que xa coñece de vello. É unha tendencia universal: converter antigos mercados de abastos en lugares hipsters. Vin isto moi claramente no Mercado da Ribeira de Lisboa ou en tantos outros, como en Tomiño. Tamén en Compostela vaise por ese camiño. En Covent Garden hai música ao vivo e moita animación, a pesar do frío.
Regreso ao hotel no metro. O vello metro, con túneles de gálibo baixo, con elevadores con capacidade para corenta persoas e case 200 chanzos como na estación de Covent Garden. Como os túneles son tan pequenos, os coches de metro tamén son pequenos, e hai persoas moi altas que teñen que agacharse porque se non non entran. Os trens do metro teñen unha frecuencia altísima, e van cheos nas horas punta, sobre todo ás cinco da tarde. A grande cidade non para. Ben se diferencia o londinense do turista. En calquera caso, recóllome pronto e ceo algo nun pub a carón do hotel. Hai que aforrar enerxías para os próximos días.

Londres

Aquí, con Don Winston Churchill, o autor de tantas frases fake de twitter, como por exemplo a célebre “Los fascistas del futuro se llamarán a si mismos antifascistas”. O Big Ben, en obras. O London Eye, espectacular. Mal tempo, pero non moita auga. Tempo inglés. Paga a pena sempre vir a unha das capitais do mundo. A libraría Waterstones de Piccadilly foi visita obrigatoria. Hamsleys, a xoguetería máis grande que vin nunca, encantoume pola implicación dos seus vendedores. Oxford Circus, Piccadilly, Trafalgar Sq, St Martin in the Fields, Embankment, Victoria, Kensington, Blackfriars, Soho, Covent Garden, Leicester Sq, Gloucester Road, Aldgate, Hammersmith, etc. Mañá, máis

Menú do día 19 de marzo

Órgano romántico. Comentoume Andrés Díaz Pazos o pasado sábado que o órgano romántico é un invento dos franceses. Duruflé, Dupré, Gigout, etc son ilustres organistas e compositores que derivan das escolas fundadas por Franck (aínda que era belga) e Saint-Saens. O que non acabo de entender entón é Mendelssohn, que é o grande precursor do renacemento romántico (sic) do órgano, porque Mendelssohn era alemán.Londres. A semana que vén marchamos a Londres. Non é que teña moitas gañas de ir, realmente. Os meus amigos rinse de min porque lles digo que preferiría ir a Zamora ou Salamanca. Pero é que é verdade. Preferiría estar tranquilamente “en la penillanura adehesada” antes que andar bregando pola capital do mundo. Non fun eu quen elixiu esta viaxe, válgame Deus. Semana Santa en Londres debe ser algo tremendo, todo cheo de españois e demais sureños. Oxford Street seguro que está infumable. O do “cambio de garda”, nin se me vai ocorrer ir. Entrar na Tate, nin soñalo. Eu propoñía aproveitar o vóo a Stantsted para visitar Cambridge e Oxford, pero non hai máis remedio que caer a Londres, o centro do imperio victoriano. Que Deus nos ampare. Non sei como vai o do London Eye. Alguén sabe? Hai que reservar por Internet? Que preguiza, chico.

Rusia. Seguimos en estado de shock pola victoria de Vladímir Putin nas eleccións presidenciais de onte en Rusia. Ninguén o agardaba, a verdade. Deus. Que autocracia! Aquí temos de novo ao máis poderoso tsar da historia. Case me atrevo a dicir que é a persoa que ten máis poder do mundo agora mesmo. Os rusos queren un poder forte, centralizado e único. Un autócrata, para entendernos. Non digamos un ditador, pero digamos un autócrata, que queda máis fino.
Cooperación. Agora a clave é cooperar. Competir está mal visto. Cooperemos, aínda que teñamos visións da vida diametralmente opostas. Cooperamos para captar fondos. Cooperamos para ter máis likes nas redes sociais. Cooperemos porque mola.
Montaigne. A súa é unha escritura fragmentada, deliberadamente desestruturada. Eu ás veces reivindico esa falta de armazón, ese fluir de ideas libremente. Seguro que non é moi prusiano nin moi kantiano, pero é un bo exercicio de autopurificación. O que fago é deixar saír os pensamentos tranquilamente. Velos por escrito reláxame moito. En realidade xa me relaxa o propio feito de escribilos. Escribir como terapia. Escribir como un xeito de escapar ás miserias da realidade.
Daniel Roth. É o organista titular da Igrexa do Saint-Sulpice de París. Moitos critícanno porque tararea as obras que interpretan os seus convidados no grande órgano do templo parisino mentres eles tocan. En realidade, hai que admitir que ninguén lle obriga a acoller a tantos e tantas organistas amateurs que desfrutan do Cavaillé-Coll que está ao seu cargo. Se o fai é porque el quere.
Primavera.Mañá, 20 de marzo, comeza oficialmente a primavera.

The Galician Flying Pig

Yes, it is what it seems to be: a flying pig. A pig with wings like an angel. Is this a conceptual art piece or just a joke? Maybe both at the same time. The importance of pork in Galicia is absolute. Galicians take advantage of the whole animal in order to produce all kinds of processed and non-processed food.

Domingo

18 de marzo de 2018. Luscofusco na Rúa de San Pedro. A palabra designa ese momento no que un non sabe moi ben se é de día ou de noite. Acaba a semana e mañá virá máis frío, din os pemáns e maldonados varios. Putin arrasou nas eleccións rusas o cal, sexamos sinceros, non é ningunha novidade. Desde que o mundo é mundo hai autócratas. O novo Zar acumula moito poder e consolídase tal vez como a persoa máis poderosa do mundo. Poder para influir na cidadanía, poder para condicionar a política externa, poder para ser aclamado e poder para recuperar o vello orgullo de pertencer ao maior estado do globo terráqueo. Dicía Kapuscinski, fervente anti-soviético, que o Imperio Ruso espertaba un grande patriotismo entre os cidadáns debido a que se sabían os máis grandes, aínda que só se tratase de quilómetros cadrados. Logo ao mellor o país era un caos, estaba anticuado ou había miseria, pero aos cidadáns soviéticos (homos sovietcus, como dicía Svetlana Aleksiévich) ninguén lles podía negar o dereito ao primeiro lugar en número de fusos horarios. Agora Rusia xa non é tan grande como a CCCP, pero está gañando cada vez máis influencia. Putin coloca a Rusia no mapa, con granxas de bots, purgas de disidentes e inhabilitacións frecuentes de rivais políticos. O ex-KGB xoga as súas cartas con habilidade, e non parece a curto prazo que ninguén lle poida facer sombra. Estado autocrático? Si, pero cando foi Rusia unha auténtica democracia? De Kaliningrado a Vladivistok, de Magadan a Kazan, de Murmansk a Irkutsk, a realidade rusa atráeme e asústame por igual.

A un e outro lado da fronteira (invisible)

Esta é a vista de Madrid desde a Facultade de Políticas da Complutense. Dominan as catro torres de Chamartín, creando un “skyline” mesetario forzado. Por se non foi suficiente coas torres de KIO, o sistema reproduciu do novo, esta vez amplificado, o simbolismo fálico rampante. O capitalismo financeiro sempre busca dotarse de símbolos inequívocos. Precisa marcar o terreo deixar as cousas claras. Bromas, as xustas. As torres son a metáfora do alto que voa o poder. O lugar desde onde se tira a foto é o fortín desde o cal se cuestiona todo este tinglado. É un espazo relativista, de empoderamento estudiantil e de profesores con chaquetas de pana (aínda que quizá non tanto como pensamos). Antes que min, seguro que moita xente se ten asomado a esa xanela, pensando que hai unha fronteira invisible e porosa entre os dous mundos. As torres de Chamartín e a Facultade de Políticas son como as fortalezas de Tui e Valença do Minho, que se vixian mutuanente desde que o mundo é mundo.