Granada

24 de julio de 2016. Visita a la Alhambra de Granada. No es mi primera vez. Es la segunda. De pequeño me habían llevado mis padres. Mis recuerdos eran muy vagos, y evocaban a Manuel de Falla y a Joaquín Turina. Cuando estudiaba piano toqué “Sacromonte”, última de las Danzas Gitanas de Turina. Y es el Sacromonte lo que se ve mientras se espera para entrar en los Palacios Nazaríes. El conjunto formado por el Albaicín, el río Darro, el Sacromonte y la propia Alhambra es un prodigio paisajístico. La topografía ayuda, sin duda, pero es fundamental el instinto de conservación del patrimonio. No se ven grandes desastres urbanísticos, aunque llaman la atención las torres de alta tensión en la parte alta del Sacromonte. Se reconquistó Granada y se respetó la Alhambra, aunque Carlos V marcó el territorio edificando su Palacio al lado. Los edificios son toscos por fuera, como se puede ver en la imagen superior de la Alcazaba. Son humildes por fuera, pero lujosos y preciosistas en su interior. Los jardines son muy armoniosos y elegantes. El contraste entre el verde de la vegetación, el marrón de las construcciones y el azul del cielo y el agua crea una gama cromática muy atractiva. No me extraña que Boabdil no quisiese marchar, y que solo aguantase tres años en las Alpujarras. Después de haber nacido y vivido en la Alhambra, es totalmente comprensible.

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